viernes, 2 de enero de 2009

Conmemoración de la Venida de la Virgen del Pilar.

La tradición, tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles, fortalecidos con el Espíritu Santo, predicaban el Evangelio. Se dice que, por entonces (40 AD), el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, predicaba en España. Aquellas tierras no habían recibido el evangelio, por lo que se encontraban atadas al paganismo. Santiago obtuvo la bendición de la Santísima Virgen para su misión.

Los documentos dicen textualmente que Santiago, "pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso".

En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando "oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol". La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que "permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio".

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, con el concurso de los conversos, la obra se puso en marcha con rapidez. Pero antes que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.

La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como "una antigua y piadosa creencia".

Tres rasgos peculiares que caracterizan a la Virgen del Pilar y la distinguen de las otras:

1- Se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal. A diferencia de las otras apariciones la Virgen viene cuando todavía vive en Palestina: ¨Con ninguna nación hizo cosa semejante", cantará con razón la liturgia del 2 de enero, fiesta de la Venida de la Virgen.

2- La Columna o Pilar que la misma Señora trajo para que, sobre él se construyera la primera capilla que, de hecho, sería el primer Templo Mariano de toda la Cristiandad.

3- La vinculación de la tradición pilarista con la tradición jacobea (del Santuario de Santiago de Compostela). Por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido dos ejes fundamentales, en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de la patria española.



http://www.corazones.org/maria/pilar.htm

jueves, 1 de enero de 2009

Año nuevo - Santa María, Madre de Dios.

No podíamos empezar mejor el Año Cristiano que bajo la protección de María, Madre de Dios. Y ¿cuál es el privilegio mayor de María? Sin duda alguna la Maternidad Divina. Y María es constituida Madre de Dios en el momento preciso de la Encarnación, cuando presta su asentimiento al plan de Dios. La Encarnación, la Divina Maternidad, es el centro y fuente de todos los privilegios de María. Los demás privilegios, todos, parten de esta raíz.

Efectivamente, Dios hizo a María, Inmaculada, para que pronunciase mejor el Sí de la Encarnación. La vida de María es una repetición mantenida de este Sí. Su presencia en la Cruz es la consumación del mismo Sí. Y la actividad maternal de María en el cielo es prolongar su servicio a la obra de Cristo.

"La verdad sobre la maternidad divina de María, -recuerda la Encíclica "La Madre del Redentor", de Juan Pablo II-, fue confirmada solemnemente como verdad de fe de la Iglesia, con gran gozo de los cristianos, en el Concilio de Efeso el año 431. María es la de Dios, la THEOTOKOS, ya que por obra del Espíritu Santo concibió en su seno virginal y dió al mundo a Jesucristo, Hijo de Dios, consustancial al Padre. Hija y madre a la vez la llama la Liturgia, "Madre de su Progenitor", y no duda en saludarla con las palabras que Dante Alighieri pone en boca de San Bernardo: "Hija De Tu Hijo". El Vaticano II lo confirma: "Madre de Dios Hijo, y Por Tanto, Hija del Padre y Sagrario del Espíritu Santo".

De aquí le viene a María la grandeza de su dignidad. "María por ser Madre de Dios tiene cierta dignidad infinita" (Sto. Tomás). "La dignidad de Madre de Dios toca los linderos de la divinidad". (San Cayetano) Esta es María. Constituida Madre de Dios en la Encarnación, constituida madre nuestra en el Calvario: Tan cercana de Dios por su Divina Maternidad, y tan cercana a nosotros por su humana naturaleza. Madre de Dios para alcanzarlo todo, Madre nuestra para concederlo todo. María, dice Guardini en "La Madre del Señor", es el más amable y encantador misterio de nuestra fe. La fuerte, la dulce, cuya alma es un abismo de dolor y de amor. María es Madre de todos.




http://www.diocesismalaga.es/index.php?mod=santoral&secc=detall&id=8794