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jueves, 31 de octubre de 2013

A tener en cuenta para estos días.

En estos días, los cristianos celebramos dos fechas muy señaladas en nuestro calendario. Cada año, el 1 y el 2 de noviembre, miles de personas celebran la festividad de Todos los Santos junto con la conmemoración de los Fieles Difuntos; una ocasión que nos ha de llenar el corazón de inmensa esperanza, aunque la realidad actual muchas veces se nos imponga, trayéndonos un sentido muy distinto a aquel con el que nuestros mayores celebraban estas fiestas religiosas. 

Hoy en día, nos cruzamos con fiestas que tienen que ver muy poco con el sentido cristiano; en nuestros colegios se enseña a los niños a celebrar fiestas de brujas y fantasmas, que de alguna manera son fiestas de muerte. En las calles, bares, restaurantes, tiendas, etc, se extiende un ambiente de miedo y terror que desvirtúa el verdadero sentido de estos días. Mientras unos celebran la muerte, los cristianos celebramos con esperanza la llamada que Dios nos hace a la Vida Eterna. Mientras algunos se quedan en fiestas de fantasmas, los cristianos rezamos por nuestros hermanos que partieron un día para estar junto al Padre Dios. Por todo ello, sería muy bueno aclarar qué celebramos en estos días. 

DÍA DE TODOS LOS SANTOS 

El día 1, solemnidad de Todos los Santos, celebramos la fiesta de todos aquellos que ya viven junto a Dios. Son santos, no porque hicieran muchas cosas maravillosas, sino porque intentaron cada día seguir los planes de Dios desde las cosas sencillas. Vivieron la llamada que Dios nos hace a todos a la santidad, y ahora gozan de la alegría que no tiene fin, junto a Él. Y por eso, porque millones de ellos son gente anónima que no ha sido canonizada, la Iglesia estableció un día para celebrar su memoria. Seguro que, entre todos ellos, hay gente que conocemos tú y yo. 

DÍA DE LOS FIELES DIFUNTOS 

El día 2, unida a la fiesta del día anterior, los cristianos celebramos la memoria de todos los Fieles Difuntos. No pedimos solamente por los nuestros, o por los del último año, o por los conocidos, ... sino por todos los que han muerto. Pedimos a Dios, que es compasivo y misericordioso, que los admita junto a Él en su casa. Y es que nuestros hermanos difuntos, lo que más necesitan es nuestra oración. Mi abuela Pura me enseñó desde niño que, cuando visitara el cementerio en estos días, rezase por todos los difuntos; por todos, pero especialmente por aquellos a los que nadie recordaba, y me decía que “una flor se marchita, una lágrima se derrama, pero una oración llega al alma”. Y por eso desde estas líneas, os animo a todos a que viváis con fe estas celebraciones. 

VELAS COMO SIGNO DE RESURRECCIÓN 

El día de Todos los Santos, demos gracias por esa cantidad enorme de personas que son para nosotros ejemplo de seguimiento del Señor. El día 2, recemos por todas las personas que vivieron entre nosotros y que, quizás, necesitan de purificación. Son nuestros hermanos difuntos (las almas del purgatorio). Pongamos esas velas como signo de nuestra fe en la Resurrección, y esas flores que, además de recuerdo, expresan la vida nueva junto a Dios. Porque Él no nos llama a “no sabemos qué”, sino a vivir para siempre, en una vida que ya no cuenta ni con el dolor, ni con la enfermedad... ni siquiera con la misma muerte. “En la vida y en la muerte somos del Señor”. Esta frase de San Pablo resume muy bien el sentido de estos días. Hemos sido creados por Amor y nuestra meta está en Vivir para siempre y amar sin medida.

martes, 18 de diciembre de 2012

Las antífonas de la O.

Las antífonas de la O son siete, y la Iglesia las canta con el Magnificat del Oficio de Vísperas desde el día 17 hasta el día 23 de diciembre. Son un llamamiento al Mesías recordando las ansias con que era esperado por todos los pueblos antes de su venida, y, también son, una manifestación del sentimiento con que todos los años, de nuevo, le espera la Iglesia en los días que preceden a la gran solemnidad del Nacimiento del Salvador.


17 Diciembre:

Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, 
¡ven y muéstranos el camino de la salvación!

18 Diciembre:

Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, 
¡ven a librarnos con el poder de tu brazo!

19 Diciembre:

Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, 
¡ven a librarnos, no tardes más!

20 Diciembre:

Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, 
¡ven y libra los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte!

21 Diciembre:

Oh Sol que naces de lo alto, Resplandor de la Luz Eterna, Sol de justicia, 
¡ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte!

22 Diciembre:

Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, 
¡ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra!

23 Diciembre:

Oh Emmanuel, Rey y Legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, 
¡ven a salvarnos, Señor Dios nuestro!

domingo, 28 de noviembre de 2010

Comienza el tiempo de Adviento y el año litúrgico.

Hoy es el primer domingo de Adviento, tiempo preparatorio para la venida del Mesías, cuatro semanas nos separan de la Navidad y con este tiempo comienza el nuevo año litúrgico.


El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor, se puede hablar de dos partes del Adviento:

1ª) desde el primer domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos;
2ª) desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre, es la llamada "Semana Santa" de la Navidad, y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo en la historia, la Navidad.

El color litúrgico de este tiempo es el morado. Se hace una excepción en el tercer domingo (Domingo Gaudete), en el que las vestiduras pueden ser rosa, o de un violeta enriquecido.

La corona de Adviento.

jueves, 7 de octubre de 2010

Festividad del Rosario.

Hoy jueves la Iglesia celebra la festividad de Nuestra Señora la Virgen del Rosario, una fiesta que tiene su origen nada menos que en la celebración, el 7 de octubre de 1571, de la batalla naval de Lepanto. Lo cuenta esta semana el artículo de "Redacción" de la revista "Diócesis".

La flota cristiana confió en la ayuda de Dios a través de la intercesión de la Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el rosario por la flota... Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo cristiano. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre. Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de octubre (día en que se había ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de octubre y algunos dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes.

A muchos cristianos de hoy en día nos puede chocar que el origen de una devoción cristiana tan piadosa sea nada menos que una cruenta batalla donde murieron unas 35.000 personas. No es políticamente correcto, desde luego, desde nuestra perspectiva actual; ni acorde con los planteamientos de la hoy tan en boga alianza de civilizaciones.

Lamentablemente, no tenemos una máquina del tiempo para poner en aquel contexto y en aquellas circunstancias a los que hoy se escandalizan de la historia. Probablemente nos sorprenderíamos por el cambio de postura de alguno. Tampoco podemos saber cómo habría transcurrido la historia de Europa si la victoria hubiera sido de los turcos, aunque algo podemos intuir viendo la actual situación de los países que formaban parte del imperio otomano: sudeste europeo, medio oriente y norte de África.

En cualquier caso, las batallas que hoy se nos presentan a los cristianos europeos, y por las que debemos encomendarnos a la Virgen, especialmente en este mes de octubre, no son sangrientas. El Santo Padre nos lo recordaba en su reciente visita al Reino Unido: "en nuestro tiempo, el precio que hay que pagar por la fidelidad al Evangelio ya no es ser ahorcado, descoyuntado y descuartizado, pero a menudo implica ser excluido, ridiculizado o parodiado".

Batalla de Lepanto de Lucas Valdés.

domingo, 14 de marzo de 2010

Domingo de Laetare.

Este domingo, al igual que el Gaudete en el tiempo de Adviento, supone una pausa en el rigor penitencial de la Cuaresma y nos viene a recordar la eminente llegada de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Más información.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Miércoles de Ceniza.

Hoy comienza la Cuaresma, tiempo penitencial que nos prepara para la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. 40 días nos separan del Domingo de Ramos en los que la Iglesia nos invita a reflexionar a través del ayuno, la caridad y la penitencia.

Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.

La ceniza, del latín "cinis", es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Muchas veces se une al "polvo" de la tierra: "en verdad soy polvo y ceniza", dice Abraham en Gén. 18,27. El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" (Cf Mc1,15) y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Cf Gén 3,19): un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua.

Más sobre la Cuaresma en Aciprensa.

martes, 2 de febrero de 2010

Festividad de la Candelaria.

Hoy se celebra la Presentación del Señor en el Templo y en dos parroquias de nuestra ciudad se procederá al tradicional acto de presentación de los niños a la Virgen.

A partir de las 6 de la tarde comenzarán sendos actos en la parroquia de la Divina Pastora y en la de Santo Domingo, ante la Pastora y la Virgen del Rosario respectivamente.

El domingo harán lo propio en San Lázaro, San Agustín y el Carmen a partir de las 12:30 ante la Virgen del Rocío, la Virgen del Amparo y la Virgen del Carmen respectivamente.

Virgen del Rosario de Santo Domingo en el altar mayor para presidir el acto de mañana.

domingo, 13 de diciembre de 2009

III Domingo de Adviento - GAUDETE.

Comenzamos hoy la tercera semana del tiempo de Adviento con el llamado domingo de Gaudete (domingo de Regocijo), se enciende la vela rosa de la corona de Adviento que significa la alegría de la llegada de Jesucristo.

El Domingo de Gaudete hace un alto a medio camino a través de un Tiempo que de otra manera es de carácter penitencial, y significa la cercanía de la venida del Señor. Tanto en el Oficio como en la Misa a través del Adviento, se hace referencia continua a la segunda venida de nuestro Señor, y se enfatiza en el tercer domingo por medio de la adición de signos permitidos para ese día, como una expresión de alegría.

El espíritu del Oficio y de la Liturgia a través de todo el Adviento es uno de espera y de preparación para la fiesta de Navidad así como para la segunda venida de Cristo, y los ejercicios penitenciales, que han sido adecuados para ese espíritu, son suspendidos en el Domingo de Gaudete para simbolizar la alegría y el regocijo por la Redención Prometida, las cuales nunca deben estar ausentes del corazón del fiel.

La liturgia de Adviento nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la necesita. Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercera semana de Adviento meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó, fomentando la devoción a María rezando el Rosario.

martes, 8 de diciembre de 2009

La Inmaculada Concepción de la Virgen.


El dogma de la Inmaculada Concepción es un artículo de fe del Catolicismo que sostiene la creencia en que María, madre de Jesús, a diferencia de todos los demás seres humanos, no fue alcanzada por el pecado original sino que, desde el primer instante de su concepción, es decir, de su ser personal, estuvo libre de todo pecado.

A la Virgen María, que ya había sido proclamada como Madre de Dios y como Virgen antes del parto, en el parto y después del parto, le faltaba todavía que le fuera engarzada en su corona refulgente, esta perla preciosísima de su concepción inmaculada.
Así lo defendían durante siglos tantos y tantos fervorosos santos y profundos teólogos. Pero la cosa no estaba clara del todo, ya que había que salvar los dogmas de la universalidad del pecado como hijos de Adán, y, sobre todo, la universalidad de la salvación realizada por Jesucristo.
Santos tan enamorados de María como San Alberto Magno, San Bernardo, Sto. Tomás de Aquino recurrían a argumentos teológicos que defendían que, aunque hubiera sido unos instantes, o de forma ininteligible para la mente humana, era necesario que la Virgen hubiera estado algún tiempo bajo el dominio de la serpiente infernal. No lo vió así Duns Scoto, Juan Bacon y otros autores también famosos, ya que defendían que había dos clases de redención: la que redime de algo caido y la que preserva para impedir que se caiga. De esta segunda forma había sido redimida, es decir, de modo mucho más sublime, la Virgen María porque estaba designada para ser la Madre del Redentor. En vistas a ello fue "preservada de toda mancha de pecado antes de ser concebida en el seno de su madre".
Esta verdad llegará a ser dogma definido, aunque ya hacía siglos que era verdad profesada por la mayor parte de la Cristiandad, el día 8 de diciembre de 1854, por la bula "INEFFABILIS DEUS" del Papa Pío IX. Este mismo Papa dijo en aquella ocasión: "la Virgen fue toda pura, toda sin mancha y como el ideal de toda pureza y hermosura; más hermosa que la hermosura, más bella que la belleza, más santa que la santidad y sola santa, y purísima en cuerpo y alma, la cual superó toda integridad y virginidad".
En la bula definió: "la doctrina que afirma que la Virgen, en el primer instante de su concepción, fue preservada inmune de toda mancha de pecado de origen por una singularísima gracia y privilegio de la Omnipotencia Divina y en atención a los méritos del Redentor del género humano, es doctrina revelada y ha de ser así creída por los cristianos".
Cantaban nuestros clásicos: "pudo, quiso, luego lo hizo". Que el "Ave María Purísima" sea el grito que brote desde lo más profundo de nuestros corazones hacia nuestra Madre Santísima, en esta fiesta tan especial de nuestra Iglesia.

Especial relevancia alcanza esta advocación en España, nación consagrada a la Inmaculada Concepción y en la que se la tiene por patrona y protectora desde 1761, siendo el 8 de diciembre fiesta de carácter nacional. Durante la celebración de dicha festividad, los sacerdotes españoles tienen el privilegio de vestir casulla azul. Este privilegio fue otorgado por la Santa Sede en 1864, como agradecimiento a la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción que hizo España.

domingo, 29 de noviembre de 2009

FELIZ AÑO LITÚRGICO NUEVO.

Hoy comienza el tiempo de Adviento y con él el nuevo año litúrgico.

La pregunta “¿cuándo empieza el Año del Señor?” era en el medievo un interrogante importante. Actualmente, sabemos que no importa empezar el año cristiano en un tiempo litúrgico o en otro. Su comienzo bien podría ser en Pascua, mientras que el Adviento podría estar al final del año. De una u otra manera, el tiempo de Adviento pretende que tomemos conciencia del paso del tiempo para alentar la esperanza de los fieles en la venida del Señor. Adviento es celebrar la venida de Cristo en la carne, a través de la Virgen María, pues si del antiguo adversario nos vino la ruina, en el seno virginal de la hija de Sión nos ha sido devuelta la gracia que Eva nos arrebató, abriéndonos a la vida nueva.
También es celebrar la futura venida de Cristo, al final de los tiempos, para revelar la plenitud de su obra que fue realizada al venir por primera vez en la humildad de nuestra carne.
El tiempo de Adviento en su estructura y textos litúrgicos actuales prepara para ambas manifestaciones. Pero además recoge también la presencia de Cristo operando su salvación en su Iglesia y en el mundo: porque el Señor también viene constantemente a su Iglesia, como presencia perpetua, en cada hombre y en cada acontecimiento para que lo recibamos con fe y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su reino.

En el memorial del “hoy” de la celebración del Adviento se unen, eficazmente, estas tres venidas de Cristo. El Adviento nos prepara a recibir a Cristo, en la Navidad; y al final de los tiempos, acogiendo su presencia real tanto en nuestra vida como sacramentalmente en la celebración. Esto es lo que hace que este tiempo se convierta en una expectante alegría; como la de la Virgen María, que esperó al Salvador con amor de madre; o como anuncio mesiánico del cumplimiento de salvación en los grandes profetas; o como la espera de Juan Bautista, que proclamó próximo al Mesías y supo reconocerlo presente en medio de los hombres.

viernes, 27 de noviembre de 2009

El año litúrgico.

Con la solemnidad de Jesucristo Rey se concluye el año litúrgico.

El calendario por el que se rige la Iglesia difiere del calendario civil que comienza el 1 de Enero y finaliza el 31 de Diciembre. Para la Iglesia el nuevo año comienza con el tiempo de Adviento, que se inicia el cuarto domingo anterior a la Navidad (25 de Diciembre). El próximo año litúrgico comenzará por tanto el domingo 29 de Noviembre finalizando el presente año el sábado 28. Hay que recordar que en el calendario litúrgico las semanas comienzan el domingo, el Día del Señor.

Durante el curso del año, la Iglesia conmemora todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación hasta el día de Pentecostés y la expectación de la venida del Señor; y conmemora los días natalicios de los Santos.

En los diversos tiempos del año litúrgico, según las prácticas tradicionales, la Iglesia va instruyendo a los fieles por medio de ejercicios piadosos del alma y del cuerpo, de la enseñanza, de la oración y de las obras de penitencia y misericordia. La celebración del año litúrgico posee una peculiar eficacia sacramental, ya que Cristo mismo es el que en sus misterios, o en las memorias de los Santos, especialmente de su Madre, continúa la obra de su inmensa misericordia, de tal modo que los cristianos no sólo conmemoran y meditan los misterios de la Redención, sino que están en contacto y comunión con ellos, y por ellos tienen vida.

En cada semana, el domingo –por eso es llamado “día del Señor”– hace memoria de la Resurrección del Señor, que, una vez al año, en la gran solemnidad de la Pascua, es celebrada juntamente con su santa Pasión. Cada día es santificado por las celebraciones litúrgicas del pueblo de Dios, principalmente por el sacrificio eucarístico y por el Oficio Divino. El día litúrgico comienza a medianoche y se extiende hasta la medianoche siguiente. Pero la celebración del domingo y las solemnidades comienza ya en la tarde del día precedente.

Al celebrar el misterio de Cristo durante el curso del año, la Iglesia venera también con amor particular a Santa María, Madre de Dios, y propone a la piedad de los fieles las memorias de los Mártires y de otros Santos. Las celebraciones, según la importancia que tienen, han de distinguirse entre sí y denominarse de la siguiente manera: solemnidad, fiesta o memoria.

Las solemnidades son los días principales y su celebración comienza con las primeras Vísperas, el día precedente. La celebración de las principales solemnidades de Pascua y Navidad se extiende durante ocho días seguidos. Cada octava se rige con leyes propias.

Las fiestas se celebran dentro de los límites del día natural, por tanto, no tienen primeras Vísperas, a no ser que se trate de fiestas del Señor que coincidan en un domingo ordinario o del tiempo de Navidad y sustituyan el Oficio de éstos.

Las memorias son obligatorias o libres; su celebración se ordena con la celebración de la feria coincidente según las normas que se exponen en las Ordenaciones generales del Misal Romano y de la Liturgia de las Horas. En los sábados del tiempo ordinario, en los que no coincide una memoria obligatoria, puede hacerse memoria libre de Santa Maria Virgen.

Reciben el nombre de ferias los días de la semana que siguen al domingo; su celebración tiene reglas distintas según su importancia.

El año litúrgico se divide en 3 tiempos que se repiten dos veces: tiempo penitencial, tiempo festivo y tiempo orinario, a cada uno le corresponde un color característico, morado, blanco y verde respectivamente. Comienza con el tiempo penitencial del Adviento al que le sigue el tiempo festivo de la Navidad, luego se entra en el primer tiempo ordinario hasta la llegada del tiempo penitencial de la Cuaresma al que le sigue el tiempo festivo de la Pascua tras el cual se entra en el segundo tiempo ordinario con el cual finaliza el año.


ADVIENTO.
Desde el 4º domingo anterior al 25 de Diciembre (Navidad) hasta el 24 del mismo mes.

NAVIDAD.
Desde el 25 de Diciembre al domingo posterior al 6 de Enero (Epifanía) que se celebra el Bautismo del Señor.

Tiempo Ordinario (1ª parte).
Desde el lunes posterior a la Epifanía hasta el martes anterior al Miércoles de Ceniza.

CUARESMA.
Desde el Miércoles de Ceniza al Sábado Santo.

PASCUA.
Desde el Domingo de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés.

Tiempo Ordinario (2ª parte).
Desde el lunes de Pentecostés al sábado anterior al primer domingo de Adviento.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Festividad de Ntra. Sra. la Virgen del Rosario.

Esta festividad fue instituida por el Papa San Pío V en el aniversario de la victoria obtenida por los cristianos en la batalla naval de Lepanto, el año 1571, contra el invasor turco. Esta victoria se atribuyó a la Madre de Dios, invocada con la oración del Rosario.

De acuerdo con una tradición, esta devoción fue revelada por la Santísima Virgen a Santo Domingo de Guzmán. No existe ninguna prueba de que esta devoción se rezara antes de Santo Domingo.
La Madre de Dios, en una aparición a Santo Domingo le enseño a rezar el rosario, en el año 1208. Le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe.
Un creciente número de hombres se unió a la obra apostólica de Domingo y, con la aprobación del Santo Padre, Domingo formó la Orden de Predicadores (mas conocidos como Dominicos). Con gran celo predicaban, enseñaban y los frutos de conversión crecían. A medida que la orden crecía, se extendieron a diferentes países como misioneros para la gloria de Dios y de la Virgen.

En los tiempos de Santo Padre Pío V (1566 - 1572), los musulmanes controlaban el Mar Mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana. Los reyes católicos de Europa estaban divididos y parecían no darse cuenta del peligro inminente. El Papa pidió ayuda pero no le hicieron mucho caso hasta que el peligro se hizo muy real y la invasión era certera. El 17 de septiembre de 1569 pidió que se rezase el Santo Rosario.
El 7 de octubre de 1571 se encontraron las dos flotas, la cristiana y la musulmana, en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto. La flota cristiana, compuesta de soldados de los Estados Papales, de Venecia, Génova y España y comandada por Don Juan de Austria entró en batalla contra un enemigo muy superior en número y buques de guerra. Se jugaba el destino de la Europa cristiana. Antes del ataque, las tropas cristianas rezaron el Santo Rosario con mucha devoción. La batalla de Lepanto duró hasta altas horas de la tarde pero, al final, los cristianos resultaron victoriosos.
Mientras la batalla transcurría, en Roma el Papa recitaba el Rosario en su capilla. En eso, el Papa salió de su capilla y, por aparente inspiración, anunció a todos los presentes y con gran calma que la Santísima Virgen le había concedido la victoria a los cristianos. Semanas más tarde llegó finalmente el mensaje de la victoria de parte de Don Juan de Austria, quién, desde un principio, atribuyó el triunfo cristiano a la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario.
Agradecido con Nuestra Madre, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanía de la Santísima Virgen el título de "Auxilio de los Cristianos". Más adelante, el Papa Gregorio III cambió el nombre de la fiesta a la de Nuestra Señora del Rosario.

A lo largo de los siglos los Papas han fomentado la pía devoción del rezo del rosario y le han otorgado indulgencias, especialmente los más recientes han hecho gran énfasis sobre la importancia del rosario en familia.
León XIII escribió doce encíclicas referentes al rosario. Insistió en el rezo del rosario en familia, consagró el mes de octubre al rosario e insertó el título de "Reina del Santísimo Rosario" en la Letanía de la Virgen. Por todo esto mereció el título de "El Papa del Rosario". Todos los Papas del siglo XX han sido hijos devotísimos del Santo Rosario.
Su Santidad Juan Pablo II insiste en el rezo del Santo Rosario en familia, en grupos, en privado. Pide que se invite a todos a rezar, a no temer el compartir tan hermosa devoción, que es una catequesis de la fe.
La importancia del rosario como medio eficaz de los creyentes ha sido confirmado no solo por los pontífices, sino por Nuestra Madre misma, la Virgen María. Es la oración de los sencillos y de los grandes, está al alcance de todos, en todo tiempo y lugar. El rosario honra a Dios y a la Santísima Virgen de un modo especial. En Lourdes, la Virgen llevaba un rosario en la mano cuando se le apareció a Santa Bernardita. Y también llevaba un rosario cuando se les apareció a los tres pastorcitos de Fátima. Y fué en Fátima donde ella misma reveló a los niños su título: "Nuestra Señora del Rosario".

martes, 15 de septiembre de 2009

Festividad de los Dolores.

Hoy la Iglesia celebra los Dolores de la Virgen María, fiesta que tradicionalmente se celebraba el viernes anterior al Domingo de Ramos (Viernes de Dolores) y que fue trasladada a esta jornada de Septiembre.

Los siete dolores de la Santísima Virgen que han suscitado mayor devoción son:

1º. La profecía de Simeón (Lc. 2, 22-35)

2º. La huída a Egipto (Mt. 2, 13-15)
3º. El Niño Jesús perdido en el Templo (Lc. 2, 41-50)

4º. María encuentra a Jesús, cargado con la Cruz (Lc. 23, 27-29)

5º. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor (Jn. 19, 17-30)

6º. María recibe a Jesús bajado de la Cruz (Mc. 15, 42-46)

7º. La sepultura de Jesús (Jn. 19, 38-42)

Existe una oración de los Dolores similar al rezo del Rosario, es la llamada Corona Dolorosa, consistente en meditar los siete Dolores y rezar tras cada uno un Padre Nuestro y siete Ave María.

Los Siete Dolores se representan iconográficamente con un corazón flamígero traspasado por siete puñales que suelen lucir las imágenes Dolorosas en su pecho.

sábado, 15 de agosto de 2009

La Asunción de Nuestra Señora.

Leyenda de la Asunción.
Un ángel se aparecía a la Virgen y le entregaba la palma diciendo: "María, levántate, te traigo esta rama de un árbol del paraíso, para que cuando mueras la lleven delante de tu cuerpo, porque vengo a anunciarte que tu Hijo te aguarda". María tomó la palma, que brillaba como el lucero matutino, y el ángel desapareció. Esta salutación angélica, eco de la de Nazaret, fue el preludio del gran acontecimiento.
Poco después, los Apóstoles, que sembraban la semilla evangélica por todas las partes del mundo, se sintieron arrastrados por una fuerza misteriosa que les llevaba a Jerusalén en medio del silencio de la noche. Sin saber cómo, se encontraron reunidos en torno de aquel lecho, hecho con efluvios de altar, en que la Madre de su Maestro aguardaba la venida de la muerte. En sus burdas túnicas blanqueaba todavía, como plata desecha, el polvo de los caminos: en sus arrugadas frentes brillaba como un nimbo la gloria del apostolado. Se oyó de repente un trueno fragoroso; al mismo tiempo, la habitación de llenó de perfumes, y Cristo apareció en ella con un cortejo de serafines vestidos de dalmáticas de fuego.
Arriba, los coros angélicos cantaban dulces melodías; abajo, el Hijo decía a su Madre: "Ven, escogida mía, yo te colocaré sobre un trono resplandeciente, porque he deseado tu belleza". Y María respondió: "Mi alma engrandece al Señor". Al mismo tiempo, su espíritu se desprendía de la tierra y Cristo desaparecía con él entre nubes luminosas, espirales de incienso y misteriosas armonías. El corazón que no sabía de pecado, había cesado de latir; pero un halo divino iluminaba la carne nunca manchada. Por las venas no corría la sangre, sino luz que fulguraba como a través de un cristal.
Después del primer estupor, se levantó Pedro y dijo a sus compañeros: "Obrad, hermanos, con amorosa diligencia; tomad ese cuerpo, más puro que el sol de la madrugada; fuera de la ciudad encontraréis un sepulcro nuevo. Velad junto al monumento hasta que veáis cosas prodigiosas". Se formó un cortejo. Las vírgenes iniciaron el desfile; tras ellas iban los Apóstoles salmodiando con antorchas en las manos, y en medio caminaba san Juan, llevando la palma simbólica. Coros de ángeles agitaban sus alas sobre la comitiva, y del Cielo bajaba una voz que decía: "No te abandonaré, margarita mía, no te abandonaré; porque fuiste templo del Espíritu Santo y habitación del Inefable". Acudieron los judíos con intención de arrebatar los sagrados despojos. Todos quedaron ciegos repentinamente, y uno de ellos, el príncipe de los sacerdotes, recobró la vista al pronunciar estas palabras: "Creo que María es el templo de Dios".
Al tercer día, los Apóstoles que velaban en torno al sepulcro oyeron una voz muy conocida, que repetía las antiguas palabras del Cenáculo: "La paz sea con vosotros". Era Jesús, que venía a llevarse el cuerpo de su Madre. Temblando de amor y de respeto, el Arcángel San Miguel lo arrebató del sepulcro, y, unido al alma para siempre, fue dulcemente colocado en una carroza de luz y transportado a las alturas. En este momento aparece Tomás sudoroso y jadeante. Siempre llega tarde; pero esta vez tiene una buena excusa: viene de la India lejana. Interroga y escudriña; es inútil, en el sepulcro sólo quedan aromas de jazmines y azahares. En los aires una estela luminosa, que se extingue lentamente, y algo que parece moverse y que se acerca lentamente hasta caer junto a los pies del Apóstol. Es el cinturón que le envía la virgen en señal de despedida.


La que fue Madre de Dios e Inmaculada desde su Concepción, con convenía, no podía sufrir la corrupción del sepulcro. Su santa dormición fue un deliquio místico de amor entrañable a su Dios, y enseguida un raudo vuelo de paloma a lo más encumbrado de los cielos, cortejada por los coros angélicos. Desde su exaltado sitial queda entronizada como Reina de todos los Santos, con la correspondiente «omnipotencia suplicante». Subió hasta la diestra de su Hijo benditísimo para preceder en la gloria a sus hijos adoptivos, que son casi legión, que son casi infinitos. Por todos se interesa, como madre e intercesora, la « llena de gracia», la « más bendita de todas las mujeres». Y el papa Pío XII, cediendo a su personal creencia y filial devoción y respondiendo también al unánime voto de toda la cristiandad, define Dogma de fe cristiana esa Asunción de María a los cielos en su cuerpo y alma, para gloria de tan excelsa Señora y esperanza de sus hijos militantes en la tierra. El 1 de noviembre del Año Santo y Jubilar de 1950 presenció la acogedora plaza de San Pedro el acto más apoteósico que jamás pudo contemplarse en el mundo ante el medio millón personas de toda raza y país que a la voz del Sumo Pontífice Romano aclamaron a la Reina Asunta a los cielos e imploraron juntos su maternal protección sobre este mundo sufriente.

domingo, 26 de julio de 2009

San Joaquín y Santa Ana.

Hoy se celebra la festividad de los padres de María y abuelos de Jesús.

Santa Ana enseñando a leer a la Virgen.
Juan Carreño de Miranda - 1678.

Una antigua tradición, datada ya en el siglo II, atribuye los nombres de Joaquín y Ana a los padres de la Virgen María. El culto aparece para Santa Ana ya en el siglo VI y para San Joaquín un poco más tarde. La devoción a los abuelos de Jesús es una prolongación natural al cariño y veneración que los cristianos demostraron siempre a la Madre de Dios.

La madre de nuestra Señora, la Virgen María, nació en Belén. El nombre Ana significa "gracia, amor, plegaria". La Sagrada Escritura nada nos dice de la santa. Todo lo que sabemos es legendario y se encuentra en el evangelio apócrifo de Santiago, según el cual a los veinticuatro años de edad se casó con un propietario rural llamado Joaquín, galileo, de la ciudad de Nazaret. Su nombre significa "el hombre a quien Dios levanta", y, según San Epifanio, "preparación del Señor". Descendía de la familia real de David. Moraban en Nazaret y, según la tradición, dividían sus rentas anuales, una de cuyas partes dedicaban a los gastos de la familia, otra al templo y la tercera a los más necesitados.

Llevaban ya veinte años de matrimonio y el hijo tan ansiado no llegaba. Los hebreos consideraban la esterilidad como algo oprobioso y un castigo del cielo. Se los menospreciaba y en la calle se les negaba el saludo. En el templo, Joaquín oía murmurar sobre ellos, como indignos de entrar en la casa de Dios. Joaquín, muy dolorido, se retira al desierto, para obtener con penitencias y oraciones la ansiada paternidad, Ana intensificó sus ruegos, implorando como otras veces la gracia de un hijo. Recordó a la otra Ana de las Escrituras, cuya historia se refiere en el libro de los Reyes: habiendo orado tanto al Señor, fue escuchada, y asi llegó su hijo Samuel, quien más tarde sería un gran profeta.

Y así también Joaquín y Ana vieron premiada su constante oración con el advenimiento de una hija singular, María. Esta niña, que había sido concebida sin pecado original, estaba destinada a ser la madre de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado.

domingo, 31 de mayo de 2009

Pentecostés - Fin de la Pascua.

Pentecostés (s.XVIII - Jean Restout)

Este sagrado tiempo de cincuenta días concluye con el Domingo de Pentecostés, en que se celebra el don del Espíritu Santo a los Apóstoles, los orígenes de la Iglesia y el comienzo de su misión a todas las lenguas, pueblos y naciones. Pentecostés es la fiesta del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo en la Iglesia.

El Padre y el Hijo envían al Espíritu para continuar en la Iglesia el plan salvífico universal; para llevar a término la obra de Cristo después de la Ascensión; y convertir a los discípulos en mensajeros de paz y de perdón y para comunicar sus dones a favor del bien común.

Después de la Ascensión de Jesús, se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús. Era el día de la fiesta judía de Pentecostés. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos. Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas.

En esos días, había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban.

Los apóstoles, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: Llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es este día cuando comenzó a existir la Iglesia como tal.

Desde la fundación de la Iglesia el día de Pentecostés, el Espíritu Santo es quien la construye, anima y santifica, le da vida y unidad y la enriquece con sus dones. El Espíritu Santo sigue trabajando en la Iglesia de muchas maneras distintas, inspirando, motivando e impulsando a los cristianos, en forma individual o como Iglesia entera, al proclamar la Buena Nueva de Jesús.

Los siete dones del Espíritu Santo.

Estos dones son regalos de Dios y sólo con nuestro esfuerzo no podemos hacer que crezcan o se desarrollen. Necesitan de la acción directa del Espíritu Santo para poder actuar con ellos.

SABIDURÍA: Nos permite entender, experimentar y saborear las cosas divinas, para poder juzgarlas rectamente.

ENTENDIMIENTO: Por él, nuestra inteligencia se hace apta para entender intuitivamente las verdades reveladas y las naturales de acuerdo al fin sobrenatural que tienen. Nos ayuda a entender el por qué de las cosas que nos manda Dios.

CIENCIA: Hace capaz a nuestra inteligencia de juzgar rectamente las cosas creadas de acuerdo con su fin sobrenatural. Nos ayuda a pensar bien y a entender con fe las cosas del mundo.

CONSEJO: Permite que el alma intuya rectamente lo que debe de hacer en una circunstancia determinada. Nos ayuda a ser buenos consejeros de los demás, guiándolos por el camino del bien.

FORTALEZA: Fortalece al alma para practicar toda clase de virtudes heroicas con invencible confianza en superar los mayores peligros o dificultades que puedan surgir. Nos ayuda a no caer en las tentaciones que nos ponga el demonio.

PIEDAD: Es un regalo que le da Dios al alma para ayudarle a amar a Dios como Padre y a los hombres como hermanos, ayudándolos y respetándolos.

TEMOR DE DIOS: Le da al alma la docilidad para apartarse del pecado por temor a disgustar a Dios que es su supremo bien. Nos ayuda a respetar a Dios, a darle su lugar como la persona más importante y buena del mundo, a nunca decir nada contra Él.

Fuente: Catholic.net

miércoles, 13 de mayo de 2009

Ntra. Sra. de Fátima.

Hoy se celebra la festividad de la
Virgen de Fátima.

Es la "gran Aparición de la Virgen María del siglo XX". Hasta 1917 apenas era conocida fuera de su nación ni aun dentro de ella la pequeña villa de Fátima (Portugal). Cerca de Fátima se encuentra la aldea de Aljustrel, en donde nacieron los tres niños: Lucía, Francisco y Jacinta; éstos dos últimos eran hermanos y primos de la primera que fue la que más directamente trató con la Virgen María, quizá por ser la mayor. Los tres videntes eran sencillos, humildes y de familias muy cristianas. Los dos hermanos fallecieron a temprana edad. Fueron declarados beatos el 13 de Mayo del 2000 por el Santo Padre Juan Pablo II en su visita a Fátima, siendo los primeros niños no mártires en ser beatificados. Lucía, muertos sus dos primos, abrazó la vida de religiosa. Hoy vive en Coimbra.

A los tres videntes, el 13 de mayo de 1917, en medio de una tormenta y mientras cuidaban el rebaño, después de haber rezado el Santo Rosario, se les apareció la Virgen María vestida de blanco y les pidió que volvieran seis veces más y que el mes de octubre les revelaría quién era y lo que quería. Les anunció que tendrían que sufrir mucho, pero que no se desalentaran que Ella les ayudaría. Les pidió que rezaran muchos rosarios, pero mejor de lo que lo hacían hasta entonces. Las apariciones se repitieron el 13 de cada mes. En todas ellas sucedía algo parecido: mientras rezaban el Santo Rosario, acompañados cada día de más seguidores que palpaban lo sobrenatural, se les aparecía aquella joven, resplandeciente de luz, vestida de blanco, con el rosario entre las manos y les invitaba a rezar con Ella. Después les comunicaba algunas cosas que han llegado hasta nosotros, donde se manifiesta el deseo ardiente de la Virgen de que seamos almas de oración y que procuremos hacer sacrificios para unirlos a la Pasión de su Hijo.

De todas partes del mundo desde entonces, y cada día va en aumento, acuden gran cantidad de fieles a la pequeña villa de Fátima, a rezar a la Virgen María, a recibir los Sacramentos y mejor vivir la vida cristiana. La Virgen de Fátima irradia desde allí sus gracias y bendiciones sobre toda la humanidad. Su Corazón Inmaculado y el Escapulario del Carmen han sido los instrumentos que ha elegido para manifestarnos su amor.

En nuestra ciudad, esta noche, a partir de las 21:00, procesionará la Virgen de Fátima por las calles de su feligresía, la parroquia del mismo nombre en la Avenida de Fátima, junto al cauce del Guadalmedina, en la frontera del barrio de la Trinidad.

domingo, 3 de mayo de 2009

La Invención de la Santa Cruz.

Hoy se celebra el día de la Cruz.
Una preciosa fiesta popular que arranca desde el día en que se encontró la Santa Cruz en el año 326. Últimamente, al hacer la reforma del calendario litúrgico, ha desaparecido como fiesta. Pero el pueblo, siempre sencillo, la sigue celebrando.

Eusebio de Cesarea fue un gran historiador de aquellos tiempos. Cuenta en sus libros que el General Constantino no era creyente pero le tenía mucho respeto a los cristianos por su paz y el bien que hacían en todos sitios. Antes de una dura batalla contra Majencio –jefe de Roma -, tuvo un sueño en el que pudo contemplar una cruz luminosa y una voz que le decía: "Con este signo vencerás". Y sin tener la menor duda de su triunfo, puso en todos los estandartes y banderas la cruz. Y arengando a las tropas les decía: "Confío en Cristo en quien cree mi madre Elena". Al ganar la batalla, llegó bien pronto a ser emperador. Decretó el cese de perseguir a los cristianos y la libertad religiosa.

Hay, además, otros escritores célebres como San Ambrosio y Juan Crisóstomo, que afirman que Elena se fue a Jerusalén en busca de la Cruz del Señor. Los arqueólogos se emplearon a fondo en esta labor. Al cabo del tiempo, encontraron tres cruces. ¿Cuál era la de Jesús? La respuesta se la dio una mujer que estaba muy enferma. Al tocarla, quedó curada. Elena y el obispo de Jerusalén juntamente con muchos creyentes, la llevaron en procesión por las calles de la ciudad. A raíz de estos acontecimientos se implantó esta fiesta por todo el orbe cristiano.

La devoción y el culto a la Santa Cruz donde Cristo dio su vida por nosotros se remonta a los primeros cristianos. Se comenzó a festejar el aniversario del día en que se encontró la Cruz de Nuestro Señor, gracias al interés de Santa Elena, madre de Constantino. Luego, a principios del siglo VII los persas saquearon Jerusalén y se apoderaron de las sagradas reliquias de la Santa Cruz, que serían recuperadas pocos años más tarde por el emperador Heraclio. Cuenta una piadosa tradición que el emperador, vestido con las insignias de la realeza, quiso llevar (en exaltación) la Cruz hasta su primitivo lugar en el Calvario, pero su peso se fue haciendo más y más insoportable. Zacarías, obispo de Jerusalén, le hizo ver que para llevar a cuestas la Santa Cruz debería despojarse de sus vestidos reales e imitar la pobreza y humildad de Jesús. Heraclio con pobres vestidos y descalzo pudo así llevar la Cruz hasta la cima del Gólgota.

En la fe católica la Cruz es un signo, una figura, señal o símbolo que representa el sacrificio salvador de Jesucristo, todos sus padecimientos hasta llegar a la muerte en una cruz.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Festividad de la Encarnación.

Nueve meses antes de Navidad celebramos la encarnación del Hijo de Dios, día grande y mil veces bendito en el que Dios se vino a vivir entre nosotros.

El Anuncio del Ángel a María.
En el primer capítulo del Evangelio de San Lucas leemos:

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

La palabra "ángel" significa: Un mensajero, un mensajero de Dios. Gabriel: El que trae buenas noticias, de parte de Dios. Una virgen es en la Santa Biblia una mujer que no ha cometido impurezas. En el mundo hay muchas mujeres vírgenes, pero una es más pura y más santa que las demás y la llamamos "Santísima Virgen". Es la madre de Jesús. Comprometida en matrimonio (Desposada): Unos meses antes de casarse, los novios firmaban un compromiso de matrimonio, para que el esposo pudiera dedicarse tranquilamente a preparar todo lo necesario para su próximo hogar, sin peligro de que después la prometida ya no se casara con él. Desposada a un hombre llamado José.

Y entrando el Ángel, le dijo: « Salve, llena de gracia, el Señor está contigo. »

Salve: En hebreo, Shalon Jalai, o sea: ¡Yo te saludo. Te felicito. Alégrate! le dice el ángel en el día más feliz de su vida, en el día de la Anunciación, cuando ella empezó a ser Madre de Dios. El Señor está contigo: Los israelitas cuando querían animar a una persona y asegurarle que le iban a suceder cosas maravillosas le decían: "El Señor está contigo". Es que "si Dios está con nosotros, ¿quién podrá contra nosotros?".

Ella se conturbó por estas palabras, y preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: « No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. »

No temas: Es una frase que en la Santa Biblia se repite muchas veces, dirigida hacia las personas que Dios elige para sus grandes obras. ¡No temas, porque Dios va contigo y te ayudará en todo. ¡No temas! «has hallado gracia delante de Dios» Maravilloso elogio.

« Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. »

El nombre Jesús significa: el que salva de los pecados. Porque Él ha venido a salvarnos a los pecadores y a pagar nuestras deudas ante Dios.

« Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin. »

Bellísimas noticias acerca de Jesús, que conviene recordar y no olvidar jamás.

María respondió al ángel: « ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón? » El ángel le respondió: « El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. » Dijo María: « He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. » Y el ángel dejándola se fue.

Y en aquel momento el Hijo de Dios se encarnó y se hizo hombre en el vientre Santísimo de la Virgen María.

domingo, 22 de marzo de 2009

Domingo de LAETARE.

Los rigores de la penitencia en los tiempos litúrgicos que la Iglesia celebra en el año, el Adviento y la Cuaresma, quedan digamos suavizados, ralentizados, tal vez un poco apagados, en dos domingos del año muy particulares. Son exactamente el III Domingo de Adviento, llamado Domingo Gaudete, y el IV Domingo de Cuarema (hoy) llamado Domingo Laetare.

Laetare es el imperativo del verbo latino “laetor” que significa alegrarse, regocijarse. De este verbo deriva también la palabra “laetitia” (alegría, gozo, júbilo, regocijo). Alegraros y regocijaros porque el Señor padecerá, pero también resucitará. Es el significado de esta “penitencia atenuada” del IV Domingo de Cuaresma: el Salvador resucitará. Alegremosnos por tanto porque la Pasión y Resurrección salvadora de Nuestro Señor se acercan.

El color litúrgico para estos dos domingos es el rosa, que es como un morado (el color del Adviento y la Cuaresma), pero atenuado. Es decir, un domingo para la penitencia cuaresmal, pero atenuada, en referencia a ese regocijo “Laetare” que preside la liturgia de hoy. La Cuaresma anticipa la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, pero también, no lo olvidemos, su Gloriosa Resurrección. El rosa se utiliza porque en esos dos domingos (el III de Adviento y el IV de Cuaresma) el papa bendecía la rosa de oro que se entregaba después a un príncipe benemérito de la Iglesia.