jueves, 31 de octubre de 2013
A tener en cuenta para estos días.
martes, 18 de diciembre de 2012
Las antífonas de la O.
domingo, 28 de noviembre de 2010
Comienza el tiempo de Adviento y el año litúrgico.

El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor, se puede hablar de dos partes del Adviento:
1ª) desde el primer domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos;
2ª) desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre, es la llamada "Semana Santa" de la Navidad, y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo en la historia, la Navidad.
El color litúrgico de este tiempo es el morado. Se hace una excepción en el tercer domingo (Domingo Gaudete), en el que las vestiduras pueden ser rosa, o de un violeta enriquecido.
La corona de Adviento.
jueves, 7 de octubre de 2010
Festividad del Rosario.
La flota cristiana confió en la ayuda de Dios a través de la intercesión de la Santísima Virgen. El Papa San Pío V pidió a los cristianos rezar el rosario por la flota... Días más tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo cristiano. Posteriormente, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias el 7 de octubre. Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de octubre (día en que se había ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de octubre y algunos dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes.
A muchos cristianos de hoy en día nos puede chocar que el origen de una devoción cristiana tan piadosa sea nada menos que una cruenta batalla donde murieron unas 35.000 personas. No es políticamente correcto, desde luego, desde nuestra perspectiva actual; ni acorde con los planteamientos de la hoy tan en boga alianza de civilizaciones.
Lamentablemente, no tenemos una máquina del tiempo para poner en aquel contexto y en aquellas circunstancias a los que hoy se escandalizan de la historia. Probablemente nos sorprenderíamos por el cambio de postura de alguno. Tampoco podemos saber cómo habría transcurrido la historia de Europa si la victoria hubiera sido de los turcos, aunque algo podemos intuir viendo la actual situación de los países que formaban parte del imperio otomano: sudeste europeo, medio oriente y norte de África.
En cualquier caso, las batallas que hoy se nos presentan a los cristianos europeos, y por las que debemos encomendarnos a la Virgen, especialmente en este mes de octubre, no son sangrientas. El Santo Padre nos lo recordaba en su reciente visita al Reino Unido: "en nuestro tiempo, el precio que hay que pagar por la fidelidad al Evangelio ya no es ser ahorcado, descoyuntado y descuartizado, pero a menudo implica ser excluido, ridiculizado o parodiado".
Batalla de Lepanto de Lucas Valdés.
domingo, 14 de marzo de 2010
Domingo de Laetare.
Más información.
miércoles, 17 de febrero de 2010
Miércoles de Ceniza.
Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.
Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.
Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.
La ceniza, del latín "cinis", es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Muchas veces se une al "polvo" de la tierra: "en verdad soy polvo y ceniza", dice Abraham en Gén. 18,27. El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.
Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" (Cf Mc1,15) y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Cf Gén 3,19): un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua.
Más sobre la Cuaresma en Aciprensa.
martes, 2 de febrero de 2010
Festividad de la Candelaria.
domingo, 13 de diciembre de 2009
III Domingo de Adviento - GAUDETE.
El Domingo de Gaudete hace un alto a medio camino a través de un Tiempo que de otra manera es de carácter penitencial, y significa la cercanía de la venida del Señor. Tanto en el Oficio como en la Misa a través del Adviento, se hace referencia continua a la segunda venida de nuestro Señor, y se enfatiza en el tercer domingo por medio de la adición de signos permitidos para ese día, como una expresión de alegría.
El espíritu del Oficio y de la Liturgia a través de todo el Adviento es uno de espera y de preparación para la fiesta de Navidad así como para la segunda venida de Cristo, y los ejercicios penitenciales, que han sido adecuados para ese espíritu, son suspendidos en el Domingo de Gaudete para simbolizar la alegría y el regocijo por la Redención Prometida, las cuales nunca deben estar ausentes del corazón del fiel.
La liturgia de Adviento nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y servir a quien la necesita. Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir esta tercera semana de Adviento meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó, fomentando la devoción a María rezando el Rosario.
martes, 8 de diciembre de 2009
La Inmaculada Concepción de la Virgen.

Así lo defendían durante siglos tantos y tantos fervorosos santos y profundos teólogos. Pero la cosa no estaba clara del todo, ya que había que salvar los dogmas de la universalidad del pecado como hijos de Adán, y, sobre todo, la universalidad de la salvación realizada por Jesucristo.
Santos tan enamorados de María como San Alberto Magno, San Bernardo, Sto. Tomás de Aquino recurrían a argumentos teológicos que defendían que, aunque hubiera sido unos instantes, o de forma ininteligible para la mente humana, era necesario que la Virgen hubiera estado algún tiempo bajo el dominio de la serpiente infernal. No lo vió así Duns Scoto, Juan Bacon y otros autores también famosos, ya que defendían que había dos clases de redención: la que redime de algo caido y la que preserva para impedir que se caiga. De esta segunda forma había sido redimida, es decir, de modo mucho más sublime, la Virgen María porque estaba designada para ser la Madre del Redentor. En vistas a ello fue "preservada de toda mancha de pecado antes de ser concebida en el seno de su madre".
Esta verdad llegará a ser dogma definido, aunque ya hacía siglos que era verdad profesada por la mayor parte de la Cristiandad, el día 8 de diciembre de 1854, por la bula "INEFFABILIS DEUS" del Papa Pío IX. Este mismo Papa dijo en aquella ocasión: "la Virgen fue toda pura, toda sin mancha y como el ideal de toda pureza y hermosura; más hermosa que la hermosura, más bella que la belleza, más santa que la santidad y sola santa, y purísima en cuerpo y alma, la cual superó toda integridad y virginidad".
En la bula definió: "la doctrina que afirma que la Virgen, en el primer instante de su concepción, fue preservada inmune de toda mancha de pecado de origen por una singularísima gracia y privilegio de la Omnipotencia Divina y en atención a los méritos del Redentor del género humano, es doctrina revelada y ha de ser así creída por los cristianos".
Cantaban nuestros clásicos: "pudo, quiso, luego lo hizo". Que el "Ave María Purísima" sea el grito que brote desde lo más profundo de nuestros corazones hacia nuestra Madre Santísima, en esta fiesta tan especial de nuestra Iglesia.
domingo, 29 de noviembre de 2009
FELIZ AÑO LITÚRGICO NUEVO.
La pregunta “¿cuándo empieza el Año del Señor?” era en el medievo un interrogante importante. Actualmente, sabemos que no importa empezar el año cristiano en un tiempo litúrgico o en otro. Su comienzo bien podría ser en Pascua, mientras que el Adviento podría estar al final del año. De una u otra manera, el tiempo de Adviento pretende que tomemos conciencia del paso del tiempo para alentar la esperanza de los fieles en la venida del Señor. Adviento es celebrar la venida de Cristo en la carne, a través de la Virgen María, pues si del antiguo adversario nos vino la ruina, en el seno virginal de la hija de Sión nos ha sido devuelta la gracia que Eva nos arrebató, abriéndonos a la vida nueva.
El tiempo de Adviento en su estructura y textos litúrgicos actuales prepara para ambas manifestaciones. Pero además recoge también la presencia de Cristo operando su salvación en su Iglesia y en el mundo: porque el Señor también viene constantemente a su Iglesia, como presencia perpetua, en cada hombre y en cada acontecimiento para que lo recibamos con fe y por el amor demos testimonio de la espera dichosa de su reino.
En el memorial del “hoy” de la celebración del Adviento se unen, eficazmente, estas tres venidas de Cristo. El Adviento nos prepara a recibir a Cristo, en la Navidad; y al final de los tiempos, acogiendo su presencia real tanto en nuestra vida como sacramentalmente en la celebración. Esto es lo que hace que este tiempo se convierta en una expectante alegría; como la de la Virgen María, que esperó al Salvador con amor de madre; o como anuncio mesiánico del cumplimiento de salvación en los grandes profetas; o como la espera de Juan Bautista, que proclamó próximo al Mesías y supo reconocerlo presente en medio de los hombres.
viernes, 27 de noviembre de 2009
El año litúrgico.
El calendario por el que se rige la Iglesia difiere del calendario civil que comienza el 1 de Enero y finaliza el 31 de Diciembre. Para la Iglesia el nuevo año comienza con el tiempo de Adviento, que se inicia el cuarto domingo anterior a la Navidad (25 de Diciembre). El próximo año litúrgico comenzará por tanto el domingo 29 de Noviembre finalizando el presente año el sábado 28. Hay que recordar que en el calendario litúrgico las semanas comienzan el domingo, el Día del Señor.
Durante el curso del año, la Iglesia conmemora todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación hasta el día de Pentecostés y la expectación de la venida del Señor; y conmemora los días natalicios de los Santos.
En los diversos tiempos del año litúrgico, según las prácticas tradicionales, la Iglesia va instruyendo a los fieles por medio de ejercicios piadosos del alma y del cuerpo, de la enseñanza, de la oración y de las obras de penitencia y misericordia. La celebración del año litúrgico posee una peculiar eficacia sacramental, ya que Cristo mismo es el que en sus misterios, o en las memorias de los Santos, especialmente de su Madre, continúa la obra de su inmensa misericordia, de tal modo que los cristianos no sólo conmemoran y meditan los misterios de la Redención, sino que están en contacto y comunión con ellos, y por ellos tienen vida.
En cada semana, el domingo –por eso es llamado “día del Señor”– hace memoria de la Resurrección del Señor, que, una vez al año, en la gran solemnidad de la Pascua, es celebrada juntamente con su santa Pasión. Cada día es santificado por las celebraciones litúrgicas del pueblo de Dios, principalmente por el sacrificio eucarístico y por el Oficio Divino. El día litúrgico comienza a medianoche y se extiende hasta la medianoche siguiente. Pero la celebración del domingo y las solemnidades comienza ya en la tarde del día precedente.
Al celebrar el misterio de Cristo durante el curso del año, la Iglesia venera también con amor particular a Santa María, Madre de Dios, y propone a la piedad de los fieles las memorias de los Mártires y de otros Santos. Las celebraciones, según la importancia que tienen, han de distinguirse entre sí y denominarse de la siguiente manera: solemnidad, fiesta o memoria.
Las solemnidades son los días principales y su celebración comienza con las primeras Vísperas, el día precedente. La celebración de las principales solemnidades de Pascua y Navidad se extiende durante ocho días seguidos. Cada octava se rige con leyes propias.
Las fiestas se celebran dentro de los límites del día natural, por tanto, no tienen primeras Vísperas, a no ser que se trate de fiestas del Señor que coincidan en un domingo ordinario o del tiempo de Navidad y sustituyan el Oficio de éstos.
Las memorias son obligatorias o libres; su celebración se ordena con la celebración de la feria coincidente según las normas que se exponen en las Ordenaciones generales del Misal Romano y de la Liturgia de las Horas. En los sábados del tiempo ordinario, en los que no coincide una memoria obligatoria, puede hacerse memoria libre de Santa Maria Virgen.
Reciben el nombre de ferias los días de la semana que siguen al domingo; su celebración tiene reglas distintas según su importancia.
El año litúrgico se divide en 3 tiempos que se repiten dos veces: tiempo penitencial, tiempo festivo y tiempo orinario, a cada uno le corresponde un color característico, morado, blanco y verde respectivamente. Comienza con el tiempo penitencial del Adviento al que le sigue el tiempo festivo de la Navidad, luego se entra en el primer tiempo ordinario hasta la llegada del tiempo penitencial de la Cuaresma al que le sigue el tiempo festivo de la Pascua tras el cual se entra en el segundo tiempo ordinario con el cual finaliza el año.
ADVIENTO.
Desde el 4º domingo anterior al 25 de Diciembre (Navidad) hasta el 24 del mismo mes.
NAVIDAD.
Desde el 25 de Diciembre al domingo posterior al 6 de Enero (Epifanía) que se celebra el Bautismo del Señor.
Tiempo Ordinario (1ª parte).
Desde el lunes posterior a la Epifanía hasta el martes anterior al Miércoles de Ceniza.
CUARESMA.
Desde el Miércoles de Ceniza al Sábado Santo.
PASCUA.
Desde el Domingo de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés.
Tiempo Ordinario (2ª parte).
Desde el lunes de Pentecostés al sábado anterior al primer domingo de Adviento.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Festividad de Ntra. Sra. la Virgen del Rosario.
De acuerdo con una tradición, esta devoción fue revelada por la Santísima Virgen a Santo Domingo de Guzmán. No existe ninguna prueba de que esta devoción se rezara antes de Santo Domingo.
La Madre de Dios, en una aparición a Santo Domingo le enseño a rezar el rosario, en el año 1208. Le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe.
Un creciente número de hombres se unió a la obra apostólica de Domingo y, con la aprobación del Santo Padre, Domingo formó la Orden de Predicadores (mas conocidos como Dominicos). Con gran celo predicaban, enseñaban y los frutos de conversión crecían. A medida que la orden crecía, se extendieron a diferentes países como misioneros para la gloria de Dios y de la Virgen.
En los tiempos de Santo Padre Pío V (1566 - 1572), los musulmanes controlaban el Mar Mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana. Los reyes católicos de Europa estaban divididos y parecían no darse cuenta del peligro inminente. El Papa pidió ayuda pero no le hicieron mucho caso hasta que el peligro se hizo muy real y la invasión era certera. El 17 de septiembre de 1569 pidió que se rezase el Santo Rosario.
A lo largo de los siglos los Papas han fomentado la pía devoción del rezo del rosario y le han otorgado indulgencias, especialmente los más recientes han hecho gran énfasis sobre la importancia del rosario en familia.
León XIII escribió doce encíclicas referentes al rosario. Insistió en el rezo del rosario en familia, consagró el mes de octubre al rosario e insertó el título de "Reina del Santísimo Rosario" en la Letanía de la Virgen. Por todo esto mereció el título de "El Papa del Rosario". Todos los Papas del siglo XX han sido hijos devotísimos del Santo Rosario.
Su Santidad Juan Pablo II insiste en el rezo del Santo Rosario en familia, en grupos, en privado. Pide que se invite a todos a rezar, a no temer el compartir tan hermosa devoción, que es una catequesis de la fe.
martes, 15 de septiembre de 2009
Festividad de los Dolores.
Los siete dolores de la Santísima Virgen que han suscitado mayor devoción son:
1º. La profecía de Simeón (Lc. 2, 22-35)
2º. La huída a Egipto (Mt. 2, 13-15)
3º. El Niño Jesús perdido en el Templo (Lc. 2, 41-50)
4º. María encuentra a Jesús, cargado con la Cruz (Lc. 23, 27-29)
5º. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor (Jn. 19, 17-30)
6º. María recibe a Jesús bajado de la Cruz (Mc. 15, 42-46)
7º. La sepultura de Jesús (Jn. 19, 38-42)

sábado, 15 de agosto de 2009
La Asunción de Nuestra Señora.
Un ángel se aparecía a la Virgen y le entregaba la palma diciendo: "María, levántate, te traigo esta rama de un árbol del paraíso, para que cuando mueras la lleven delante de tu cuerpo, porque vengo a anunciarte que tu Hijo te aguarda". María tomó la palma, que brillaba como el lucero matutino, y el ángel desapareció. Esta salutación angélica, eco de la de Nazaret, fue el preludio del gran acontecimiento.
Poco después, los Apóstoles, que sembraban la semilla evangélica por todas las partes del mundo, se sintieron arrastrados por una fuerza misteriosa que les llevaba a Jerusalén en medio del silencio de la noche. Sin saber cómo, se encontraron reunidos en torno de aquel lecho, hecho con efluvios de altar, en que la Madre de su Maestro aguardaba la venida de la muerte. En sus burdas túnicas blanqueaba todavía, como plata desecha, el polvo de los caminos: en sus arrugadas frentes brillaba como un nimbo la gloria del apostolado. Se oyó de repente un trueno fragoroso; al mismo tiempo, la habitación de llenó de perfumes, y Cristo apareció en ella con un cortejo de serafines vestidos de dalmáticas de fuego.
Arriba, los coros angélicos cantaban dulces melodías; abajo, el Hijo decía a su Madre: "Ven, escogida mía, yo te colocaré sobre un trono resplandeciente, porque he deseado tu belleza". Y María respondió: "Mi alma engrandece al Señor". Al mismo tiempo, su espíritu se desprendía de la tierra y Cristo desaparecía con él entre nubes luminosas, espirales de incienso y misteriosas armonías. El corazón que no sabía de pecado, había cesado de latir; pero un halo divino iluminaba la carne nunca manchada. Por las venas no corría la sangre, sino luz que fulguraba como a través de un cristal.
Después del primer estupor, se levantó Pedro y dijo a sus compañeros: "Obrad, hermanos, con amorosa diligencia; tomad ese cuerpo, más puro que el sol de la madrugada; fuera de la ciudad encontraréis un sepulcro nuevo. Velad junto al monumento hasta que veáis cosas prodigiosas". Se formó un cortejo. Las vírgenes iniciaron el desfile; tras ellas iban los Apóstoles salmodiando con antorchas en las manos, y en medio caminaba san Juan, llevando la palma simbólica. Coros de ángeles agitaban sus alas sobre la comitiva, y del Cielo bajaba una voz que decía: "No te abandonaré, margarita mía, no te abandonaré; porque fuiste templo del Espíritu Santo y habitación del Inefable". Acudieron los judíos con intención de arrebatar los sagrados despojos. Todos quedaron ciegos repentinamente, y uno de ellos, el príncipe de los sacerdotes, recobró la vista al pronunciar estas palabras: "Creo que María es el templo de Dios".
Al tercer día, los Apóstoles que velaban en torno al sepulcro oyeron una voz muy conocida, que repetía las antiguas palabras del Cenáculo: "La paz sea con vosotros". Era Jesús, que venía a llevarse el cuerpo de su Madre. Temblando de amor y de respeto, el Arcángel San Miguel lo arrebató del sepulcro, y, unido al alma para siempre, fue dulcemente colocado en una carroza de luz y transportado a las alturas. En este momento aparece Tomás sudoroso y jadeante. Siempre llega tarde; pero esta vez tiene una buena excusa: viene de la India lejana. Interroga y escudriña; es inútil, en el sepulcro sólo quedan aromas de jazmines y azahares. En los aires una estela luminosa, que se extingue lentamente, y algo que parece moverse y que se acerca lentamente hasta caer junto a los pies del Apóstol. Es el cinturón que le envía la virgen en señal de despedida.
La que fue Madre de Dios e Inmaculada desde su Concepción, con convenía, no podía sufrir la corrupción del sepulcro. Su santa dormición fue un deliquio místico de amor entrañable a su Dios, y enseguida un raudo vuelo de paloma a lo más encumbrado de los cielos, cortejada por los coros angélicos. Desde su exaltado sitial queda entronizada como Reina de todos los Santos, con la correspondiente «omnipotencia suplicante». Subió hasta la diestra de su Hijo benditísimo para preceder en la gloria a sus hijos adoptivos, que son casi legión, que son casi infinitos. Por todos se interesa, como madre e intercesora, la « llena de gracia», la « más bendita de todas las mujeres». Y el papa Pío XII, cediendo a su personal creencia y filial devoción y respondiendo también al unánime voto de toda la cristiandad, define Dogma de fe cristiana esa Asunción de María a los cielos en su cuerpo y alma, para gloria de tan excelsa Señora y esperanza de sus hijos militantes en la tierra. El 1 de noviembre del Año Santo y Jubilar de 1950 presenció la acogedora plaza de San Pedro el acto más apoteósico que jamás pudo contemplarse en el mundo ante el medio millón personas de toda raza y país que a la voz del Sumo Pontífice Romano aclamaron a la Reina Asunta a los cielos e imploraron juntos su maternal protección sobre este mundo sufriente.
domingo, 26 de julio de 2009
San Joaquín y Santa Ana.
Una antigua tradición, datada ya en el siglo II, atribuye los nombres de Joaquín y Ana a los padres de la Virgen María. El culto aparece para Santa Ana ya en el siglo VI y para San Joaquín un poco más tarde. La devoción a los abuelos de Jesús es una prolongación natural al cariño y veneración que los cristianos demostraron siempre a la Madre de Dios.
domingo, 31 de mayo de 2009
Pentecostés - Fin de la Pascua.
FORTALEZA: Fortalece al alma para practicar toda clase de virtudes heroicas con invencible confianza en superar los mayores peligros o dificultades que puedan surgir. Nos ayuda a no caer en las tentaciones que nos ponga el demonio.
miércoles, 13 de mayo de 2009
Ntra. Sra. de Fátima.
Es la "gran Aparición de la Virgen María del siglo XX". Hasta 1917 apenas era conocida fuera de su nación ni aun dentro de ella la pequeña villa de Fátima (Portugal). Cerca de Fátima se encuentra la aldea de Aljustrel, en donde nacieron los tres niños: Lucía, Francisco y Jacinta; éstos dos últimos eran hermanos y primos de la primera que fue la que más directamente trató con la Virgen María, quizá por ser la mayor. Los tres videntes eran sencillos, humildes y de familias muy cristianas. Los dos hermanos fallecieron a temprana edad. Fueron declarados beatos el 13 de Mayo del 2000 por el Santo Padre Juan Pablo II en su visita a Fátima, siendo los primeros niños no mártires en ser beatificados. Lucía, muertos sus dos primos, abrazó la vida de religiosa. Hoy vive en Coimbra.
domingo, 3 de mayo de 2009
La Invención de la Santa Cruz.
miércoles, 25 de marzo de 2009
Festividad de la Encarnación.
El Anuncio del Ángel a María.
En el primer capítulo del Evangelio de San Lucas leemos:
Ella se conturbó por estas palabras, y preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: « No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. »
domingo, 22 de marzo de 2009
Domingo de LAETARE.
Laetare es el imperativo del verbo latino “laetor” que significa alegrarse, regocijarse. De este verbo deriva también la palabra “laetitia” (alegría, gozo, júbilo, regocijo). Alegraros y regocijaros porque el Señor padecerá, pero también resucitará. Es el significado de esta “penitencia atenuada” del IV Domingo de Cuaresma: el Salvador resucitará. Alegremosnos por tanto porque la Pasión y Resurrección salvadora de Nuestro Señor se acercan.
El color litúrgico para estos dos domingos es el rosa, que es como un morado (el color del Adviento y la Cuaresma), pero atenuado. Es decir, un domingo para la penitencia cuaresmal, pero atenuada, en referencia a ese regocijo “Laetare” que preside la liturgia de hoy. La Cuaresma anticipa la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, pero también, no lo olvidemos, su Gloriosa Resurrección. El rosa se utiliza porque en esos dos domingos (el III de Adviento y el IV de Cuaresma) el papa bendecía la rosa de oro que se entregaba después a un príncipe benemérito de la Iglesia.


